Carta abierta de un aspirante

Hoy es 16 de mayo del año 2025. Han pasado varios meses en los que he estado en búsqueda activa de empleo. Cada día se hace más difícil conseguir una entrevista. Mantener la motivación es un reto constante. Tener una carrera profesional, en lugar de ser una ventaja, a veces parece convertirse en un obstáculo. Y no tener experiencia formal termina descartando habilidades que van más allá de lo que se puede plasmar en un documento. Lo que quiero decir, y que tanto candidatos como reclutadores sabemos en el fondo, es que más que experiencia, necesito oportunidades para desarrollar mi potencial . No lo digo con pretensiones grandilocuentes, sino como un ser humano consciente de que su paso por este mundo tiene fecha de finalización. No tenemos tiempo ilimitado. Planear el futuro es invertir en nuestro tiempo, que es el recurso más valioso que poseemos. Desarrollar mi potencial implica adquirir experiencia. Implica aprender haciendo, equivocándome, mejorando. Ese crecimiento solo es posible si alguien decide darme una oportunidad. Para quienes toman decisiones en los procesos de contratación, un candidato puede parecer solo un nombre más en una lista. Pero para nosotros, aplicantes, representa una inversión profunda de energía, esperanza y tiempo. Una inversión que merece ser respetada. Leer un currículum antes de una entrevista, evitar preguntar cosas ya escritas, dar retroalimentación sobre el estado del proceso… son gestos simples que hablan de respeto y empatía. No son un lujo, son actos de humanidad. Cuando hablo en primera persona, lo hago en nombre de miles y miles de personas que atraviesan esta situación día a día. Lo hago para transmitir nuestro sentir desde un lugar cercano, para que quienes están pasando por lo mismo puedan identificarse. Porque recordemos algo fundamental: vamos a morir. Y lo único que quedará será el recuerdo de cómo tratamos a los demás. Si hoy seguimos aquí como especie, no ha sido por la competencia extrema ni por la indiferencia, sino por la cooperación, la curiosidad y la confianza en nuestros pares. ¿Por qué, entonces, hacer la existencia de otros más pesada? Muchas compañías usan inteligencias artificiales como primer filtro porque ven a las personas solo como números. Ven a un empleado no como un miembro del equipo, sino como un recurso fácilmente reemplazable. Muchas empresas hoy en día tratan a sus empleados como filas en una hoja de Excel, no como personas con emociones, planes y sueños. Este enfoque no solo afecta durante el proceso de selección, sino también después de que se contrata al candidato. Por eso, el cambio debe comenzar desde el principio . Un buen proceso de contratación puede sentar las bases para construir equipos donde las personas se sientan valoradas, escuchadas y parte de algo más grande. Parte de esa humanidad implica entender la diversidad, reconocer que no somos seres fungibles y que las habilidades técnicas pueden entrenarse, sí, pero también las habilidades sociales, comunicativas y emocionales. El trabajo no debería premiar la mentira o la apariencia de competencia. Debería premiar la autenticidad, el deseo genuino de contribuir, de crecer y de colaborar. En muchos casos, el azar puede parecer más justo que un sistema que premia a quien mejor simula seguridad, no a quien realmente tiene el potencial o el compromiso. Pero justicia no es azar. Justicia es dar a cada persona una oportunidad real de demostrar lo que puede ofrecer, sin sesgos, sin presiones absurdas, sin máscaras. Mi crítica no va únicamente contra un proceso de selección inhumano. Va contra una forma de ver el trabajo que olvida que detrás de cada currículum hay una vida. Que detrás de cada aplicación hay alguien que quiere crecer, aprender, progresar, vivir. Que quiere dejar huella. No somos números. Somos personas. Y mientras sigamos siendo humanos, todavía queda espacio para cambiar las cosas.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Vivir como experimento: ¿Por qué este blog?

Sobre unicornios, realidades y el valor del silencio.